El azote del cambio climático y la salud de los bosques.

De todas las dificultades para controlar las plagas forestales que están lastimando tan gravemente a los bosques de la Sierra Gorda, con los encinos atacados por el  muérdago o  los pinos  por el gusano descortezador, la normatividad parece ser la más inadecuada para un manejo que responda  a las condiciones reales del área, tanto ecológicas como sociales.

Por años hemos venido conviviendo y siendo testigos de esta amenaza. Donde los efectos del calentamiento global, con lluvias erráticas y escasas, menos frío y sequías prolongadas, han propiciado condiciones un arbolado debilitado, donde insectos como el gusano descortezador del pino tenga ciclos de reproducción más frecuentes, por lo que hoy día acaban con bosques de coníferas desde la Sierra Gorda a Alaska. Siendo los bosques tan preciado antídoto para mitigar el cambio climático. Hace 2 meses personal de la CONAFOR realizó un sobrevuelo para estimar el área afectada, en ese lapso consideramos que la plaga ha duplicado la superficie afectada. A la que siempre se atiende tarde y avanza inexorable.

El viernes 20 de julio diferentes instancias de gobierno anunciaron una Declaratoria de emergencia de sanidad forestal  para el  manejo y control del gusano descortezador. Regreso a la sierra a mi oficina el lunes 23 y en reunión con el equipo técnico forestal, recibiendo reportes frescos de campo, nos damos cuenta que a pesar de la Declaratoria de Emergencia estamos muy lejos de conseguir que todas las circunstancias se conjuguen para que la misma fuera efectiva. Si bien con esta Declaratoria se avanzó al dársele a este problema la relevancia que merece, su atención para la operación en campo reviste tales dificultades que no se tomaron en cuenta, lejos de los contextos reales y seguimos teniendo una normatividad complicada, reglas que no aplican en la extrema pobreza.

Dadas las capacidades locales los dueños de los bosques, es muy obvio necesitan el apoyo técnico para cumplir con todos los requisitos que para ellos son imposibles de gestionar; ¿Quiénes son los técnicos que levantaran toda esa información de campo?, ¿Quién  dará la asistencia en campo, el monitoreo y vigilancia? Todo ello puede ser realizado por los prestadores de servicios técnicos forestales, que son una onerosa carga para los propietarios forestales y generalmente son los únicos que ganan. Sin duda no basta con un acuerdo institucional, hay que llevar a cabo un operativo de emergencia que responda a la urgencia de la proliferación de esta plaga, donde la autoridad en la materia debe tomar en cuenta las brechas entre los requisitos y las capacidades locales.

Por otro lado la normatividad marca un método de control que se asemeja a una receta medieval a base de sangrías y debilitar aún más al enfermo. En donde en la más grande ignorancia y burocratismo, el “manejo de la plaga” provoca sea efectivo para afectar los renuevos forestales y árboles sanos de otras especies, al ser mutilados por los derribos de las coníferas afectadas y posteriormente quemados con la incineración de la corteza, acción de “saneamiento” que este año provocó incendios forestales. O la aplicación de insecticidas que envenenan por igual a aves, suelo, agua, humanos, mamíferos o anfibios en peligro de extinción. En la parte este de la Sierra Gorda existen varios endemismos de plantas (Cycadáceas) u orquídeas en peligro de extinción, que simplemente están siendo aplastadas o quemadas. Basta ver el estado de los bosques “saneados” para comprender el remedio es contraproducente, que la biodiversidad pierde por mandato oficial en un área protegida y que ello fomenta la tala clandestina ante la nula presencia de la autoridad. Es decir, se le da el golpe de gracia a ecosistemas que no están pudiendo adaptarse a los drásticos cambios del clima, por una normatividad anticuada y de obvia inefectividad que se está constituyendo como la principal causa de degradación ambiental en la Sierra Gorda.

Por ello recibimos con beneplácito la apertura de la SEDEA en buscar un método de control alternativo, biológico que verdaderamente contribuyera a frenar la expansión de esta plaga y no empeorando las cosas con acciones que están degradando aún más rápido a esos bosques.

Necesitamos reorientar la normatividad legislación de punta,  innovar y generar conocimiento que nos permita afrontar los efectos del cambio climático que es ya una realidad. Reclamamos acción efectiva, e inversión pública que verdaderamente subsane las brechas entre lo administrativo y la operación local.

Esto es una llamada de emergencia ante la tremenda pérdida de biocapacidad en nuestro Estado y su valiosa biodiversidad.

Un comentario en “El azote del cambio climático y la salud de los bosques.

  1. Es preocupante, yo he sembrado en un pequeño predio en Amealco unos 200 pinos y cedreos que han crecido muy bonitos, pero tengo la preocupación de estas plagas. Saludos

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