Cambio Climático

Autor invitado: Roberto Pedraza Ruiz

A pesar de la abundante evidencia de que  nuestro planeta se está “calentando”, y de los efectos que ello está teniendo sobre los ecosistemas y seres vivientes y con ello también en nosotros humanos, sigue existiendo  una extensa desinformación y falta de conciencia de esta grave amenaza que enfrentamos. Si bien durante la historia geológica de la Tierra han sido cíclicas y naturales las variaciones en la temperatura y patrones climáticos, estos cambios se han dado en plazos de tiempo muy amplios, de cientos o miles de años que han permitido la gradual adaptación o migración de las especies de flora y fauna, lo que también contribuyó en buena medida al desarrollo de los procesos evolutivos y a la actual distribución de las especies y ecosistemas. El delicado equilibrio que era mantenido por bosques, selvas y en su mayor parte por el fitoplancton de los océanos y mares, absorbiendo los gases de efecto invernadero (principalmente bióxido de carbono y metano) que se producían de manera natural por la ocurrencia de incendios forestales y desde la Revolución Industrial artificialmente por el hombre, fue roto hace varios años con nuestra creciente capacidad de emitirlos a través de la deforestación y quema de áreas forestales y por el consumo de combustibles fósiles (petróleo y sus derivados). Esto ha provocado su acumulación en la atmósfera al disminuir sustancialmente la capacidad de absorción de los ecosistemas naturales y crecer de manera exponencial su emisión, lo que ha provocado ya un aumento de temperatura de 1°C y que podría llegar hasta 6°C para el 2050 en un plazo de tiempo más corto que cualquier otro registrado en los últimos 700,000 años. En sólo la década pasada la emisión de gases invernadero aumentó un 11% y el 2010 quedará registrado como el año más cálido y también como el año cuando se emitió la mayor cantidad de estos gases.

Desgraciadamente sus efectos son ya una realidad en varios ecosistemas y sitios de nuestro planeta, no estamos hablando de una amenaza eventual que pudiera afectarnos en el futuro. La tasa de extinción de especies de flora y fauna que el calentamiento global está causando, provocó ya que fuera imposible cumplir las metas de reducción de pérdida de biodiversidad que la Convención sobre Biodiversidad de las Naciones Unidas fijó para este 2010. Signos claros de este proceso son que muchas especies de plantas han adelantado su floración hasta 30 días, mientras especies de insectos como el gusano descortezador del pino en Norte América ha expandido su área de distribución en millones de hectáreas de bosques de coníferas en los Estados Unidos y Canadá, destruyendo áreas forestales anteriormente sanas, mientras que la turbulencia atmosférica se ha incrementado en un 50% en los últimos 70 años, derivándose de ello huracanes y tormentas cada vez más severos y frecuentes, sequías más extremas y con ellos sus efectos. Especies de fauna muestran dramáticas reducciones de sus áreas de distribución, en especial los anfibios, de los que una de cada tres especies está amenazada, mientras los arrecifes de coral se siguen “blanqueando” y perdiendo especies por aguas cada vez más cálidas. Es decir, sobran señales y efectos de que el clima como lo conocimos está cambiando de manera acelerada y con ello las condiciones que han permitido tener vida en este planeta. ¿Y pese a todo esto estamos haciendo lo suficiente para contrarrestar dicho fenómeno? La respuesta es un terminante no, pues deforestación, energía sucia y contaminante, adicción al petróleo y sus enormes intereses económicos siguen adelante, con una población creciente que hace mucho rebasó la capacidad de carga de nuestro planeta. Actualmente Cancún es sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, de la que desgraciadamente no se espera mucho, pues todo quedará en buenas intenciones, bloqueadas por dos países; China y los Estados Unidos, ambos los mayores productores a nivel mundial de estos gases y que repetidamente se han negado en limitar de manera alguna sus emisiones, negándose a reconocer y afrontar el problema, que claramente aparece como la principal amenaza para la salud de nuestro planeta y por ende para la humanidad. Que quede en sus conciencias el no haber hecho a tiempo lo necesario para contrarrestar lo que ya es la mayor extinción masiva de especies desde la de los dinosaurios y que se antoja difícil de evitar con una economía planetaria basada en la quema de hidrocarburos.

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